Ruta Bueu-Udra

30,00 €
Impuestos incluidos

Ruta a una de las zonas de valor paisajistico y cultural más importante de bueu

Solo 4 Artículos Izquierda
UDRA
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Partiendo de la misma playa de la Banda del Río donde se encuentra la sede del club, partiremos ahora costeando en dirección noroeste.

Nada más salir de la playa nos encontramos con Punta Penedo donde hay oquedades en la roca, Burato da Londra, en las que se producen, en función de a qué altura se encuentre la marea, sonidos inquietantes generados por la fuerza de las olas. Tras ella hay una pequeña cala que solo tiene arena con la marea baja y enseguida la pequeña playa de Robaleira, junto a la que se aloja la depuradora de mejillón Cabo de Cruz, que tiene una gran actividad enviando sus productos a toda España.

Continuando por la costa enseguida aparece la playa de Beluso, un rincón de incomparable belleza en la que se conservan todavía bastantes construcciones tradicionales, con otras más señoriales, antiguos saladores de pescado, y alguno de los restaurantes más conocidos en la provincia. Esta playa es muy diferente del resto de la comarca ya que está formada por pequeñas piedras en lugar de arena. Su muelle aún está más protegido que el de Bueu del viento del norte debido a su privilegiada ubicación natural al abrigo de punta Trimiño y la Piedra Blanca. Su ubicación se fijó en el siglo XVIII con varias fábricas de salazón y en la actualidad convive la actividad pesquera tradicional con la deportiva.

Tras él, la playa de la Roiba donde tenemos dos construcciones emblemáticas, el salador, hoy en un estado bastante abandonado y la vivienda del arquitecto Vázquez Molezún, su “refugio de verano” y que fue un ejemplo en numerosas revistas de arquitectura de integración y respeto por el entorno natural y aprovechamiento de espacios.

Salimos de la ensenada de Bueu doblando punta Trimiño hacia el noroeste encontrándonos con la pequeña cala conocida como la playa de los Enamorados y, después, Sartaxéns. Enfrente de ellas se encuentra una enorme piedra algo apartada de la costa conocida como O Cabalo, llamada así por su parecido con la pezuña de un caballo y que da nombre al conjunto de casas que hay en el alto. Volviendo de esta hacia la costa de nuevo cruzamos las piedras de la Miel - donde si la marea lo permite es un paso muy atractivo con el kayak – y llegamos a la playa de Tulla. Justo en su principio está Punta Aguda debajo del monte del mismo nombre, donde cuando hay mar de fondo es un verdadero espectáculo visto desde el mar.

Este arenal, uno de los más salvajes y extensos de todo el Morrazo, combina la zona boscosa con las huertas cultivadas y una arena privilegiada. Es una de las más apreciadas entre los naturistas y amantes de la naturaleza en general. El mar rompe con fuerza siempre en esta playa y los desembarcos desde el kayak no son fáciles cuando hay algo de mar de fondo.

Punta Cornide, un hermoso macizo rocoso que también contiene una escondida calita, separa a Tulla de la playa de Mourisca, mucho más protegida que su hermana por Punta Cagadoiro. En Mourisca se encuentran todavía alguna construcción tradicional y en su extremo el imponente salador con su rampa de descarga, recientemente restaurado y en el que merece la pena desembarcar dado que se puede observar con suficiente nitidez desde el exterior.

Seguimos costeando y nos encontramos con la pequeña cala de Buceiro, la penúltima antes de abandonar la ría. Al doblar Punta Cagadoiro hay gran cantidad de rocas en las que hay que ser precavido si el mar está un poco picado ya que se empiezan a levantar grandes olas. Tras girar nos encontramos con la última playa de la ría por este lado, la paradisíaca playa nudista del Pedrón, con unas vistas privilegiadas de las islas de Ons y con puestas de sol espectaculares en verano.

Ya nos encontramos en pleno Cabo Udra. La recoleta ensenada de Centoleira nos lleva al cabo, enclave natural catalogado dentro de la Red Natura 2000 hasta hace poco utilizado por los vecinos para el pastoreo y el esquilme como reflejan los muros de piedra levantados entre las formación pedregosas y aún hoy con muchos caballos que pastan a su antojo. Es una visita obligada por tratarse de un verdadero museo geológico al aire libre con formaciones graníticas, muchas de ellas visibles también desde el mar, caprichosas: a veces zoomórficas como una ballena, un león marino, un hipopótamo, un oso... y otras objetos como una carabela. La rica fauna terrestre y marítima, la variada flora, claramente explicadas en el aula de interpretación sita en el extremo del cabo, no dejan a nadie indiferente. En sus aguas se encuentran restos de pecios hundidos como anclas romanas hoy en el Museo de Pontevedra. También quedan vestigios en muy mal estado de lo que fueron instalaciones militares.

Desde el mar aquí podemos apreciar, además de toda la costa recorrida, las islas de Ons, Onza y Onceta (casi al alcance de la mano), las Cíes y Sálvora. También la ría de Aldán, la más pequeña de todas pero no por ello la menos bella.

Aquí finalizamos nuestra ruta de gran valor natural y paisajístico.