Ruta Bueu-Isla del Santo

30,00 €
Impuestos incluidos

Ruta a la Isla del Santo, transcurre paralela a numerosas playas de bueu, con unas excepcionles vistas.

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SANTO
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Esta ruta parte de la playa urbana más grande del ayuntamiento de Bueu.

En ella se conservan restos del astillero de Purro, antigua carpintería de ribera que se ubicaba en este lugar por estar en un lugar protegido y tener al lado un río, el Bispo, que desemboca a escasos metros.

Partiremos hacia el este remontando el muelle de Bueu, desde donde veremos partir y llegar a los barcos de pasaje que navegan hacia la isla de Ons, perteneciente a nuestro ayuntamiento.

Detrás de este muelle se encuentra el museo Massó, en pleno centro del pueblo, que rememora el pasado conservero de esta villa, de gran interés, con documentos marítimos y cartográficos, maquetas de embarcaciones tradicionales y artes de pesca.

Enfrente a él está la bulliciosa plaza de abastos y la lonja, unas de las más importantes de bajura de toda Galicia.

Al sobrepasar el muelle nos encontramos con su entrada y la playa de Pescadoira, en ella se encontraron ánforas, un horno y un antiguo salador que da idea de la intensa vida que ya había aquí en épocas romanas. Posteriormente,  hubo otras dos fábricas conserveras, la de Atilio y la de Alonso, hoy desaparecidas. Al final de la misma, en punta Pescadoira, hay una gran nave que alberga las instalaciones del Club de Remo de Bueu y las embarcaciones tradicionales de la Asociación Os Galos. Al final de esta nave aparece otra pequeña playa, la de Petís, muy recogida, protegida para el baño de los más pequeños.

Tras pasar el macizo rocoso de punta Petís, aparece la playa de Loureiro, bastante más larga que conserva en su arena la memoria del río de la Pica lleno de laureles y el salador de Facina. Hoy los edificios a pie de playa han borrado esta huella.

Punta Corbeiro cierra la playa de Loureiro para dar paso a la de Agrelo, cuyo nombre ya hace referencia a las huertas que se encuentran cerca de ella. Muestra un conjunto de dunas por desgracia deteriorado, ríos que mantienen sus cauces libres y variables, piedras hundidas y otras curiosidades que la hacen muy apetecible para gozar en ella no sólo del agua y de la arena.

Aunque el arenal no es discontinuo, tras las rocas de Cabezón de la Ría, se torna curvo formando una bella ensenada y cambia su nombre por el de Portomaior. En ella no apreciamos prácticamente viviendas y, en su parte final, los árboles llegan hasta la misma arena.

La parroquia a la que pertenecen, Cela, tiene en su iglesia una de las mejores muestras del románico en el Morrazo, Santa María. En una sola nave con un campanario, sus orígenes se remontan al siglo XIII. Merece la pena el visitarla, no sólo por su valor intrínseco sino también por sus vistas desde el mirador situado frente a la fachada, espectaculares, de la ensenada de Bueu en primer plano, Sanxenxo y la ría después y las islas de Ons, Onza y Onceta al fondo.

La playa de Portomaior finaliza en la punta do Cesto que da lugar a una idílica ensenada rocosa de verdes aguas, la de Cachacho. Al superarla, rodeamos el Monte Gordo, la principal estribación costera del tramo con una altura de 45 metros sobre el nivel del mar y llegamos a una pequeña ensenada, también rocosa que, con marea baja tiene arena y la pequeña cala de Covelo.

Tras ella vemos la hermosa playa de Lapamán, una de las más codiciadas por los bañistas. De esta, playa compartida por los ayuntamientos de Bueu y Marín, dijo el escritor Alfredo Conde que “pisar su arena era llenarse el corazón de música”. Su arena, muy dura y consistente es ideal para hacer castillos de arena o para correr en ella (los hermanos Domínguez Sobral la utilizaron para entrenar cuando dominaban las pruebas de velocidad en España).

Toda esta zona de la costa tiene numerosas oquedades y pequeñas cuevas en las rocas en las que merece la pena bajarse del kayak y recorrer a pie.

Tras Lapamán hay dos pequeñas calas, la de Coviña y la del Santo. En la playa del Santo se llegaron a celebrar las fiestas de la capilla de la isla cuando la marea no permitía cruzar. Fue sede de una de las últimas carpinterías de ribera de la comarca de la que apenas quedan restos. Enfrente se encuentra la isla que le da nombre y final de nuestro trayecto, a illa do Santo o isla de San Clemente.

Leyenda e historia se entremezclan a menudo en Galicia y, concretamente en el caso de la fundación de la ermita de san Clemente. Su origen está relacionado con la toma de Sevilla a manos cristianas durante el reinado de Fernando III de Castilla y León. En plena Reconquista de los territorios musulmanes, una flota de más de 50 naves, encabezada por marineros vascos y pontevedreses partió hacia Al-Andalus y logró liberar la capital hispalense del dominio almohade. La victoria se produjo un 23 de noviembre de 1248, festividad de San Clemente. En honor a quienes participaron en la batalla se erigió la capilla, según la leyenda, del mismo nombre. Fue mandada  construir por el almirante y poeta Paio Gómez Chariño ese mismo año. La actual capilla, en estado de abandono, se edificó en el siglo XVIII.

Esta isla, es más cabo que isla, puesto que cuando la marea está baja, queda unida a la península por una lengua de arena.

Desde ella hay una hermosa vista de toda la accidentada costa que acabamos de navegar.